“Mi objetivo era reducir la presencia humana en mi obra, llevándola casi al punto de aniquilarla, para tratarla con la misma importancia que cualquier otro elemento pictórico. Todo ello, marcado por un vigoroso ritmo lineal.
La figura humana debía estar presente únicamente para captar la luz, definir el espacio y operar con total neutralidad. Lo primordial era que no generara ninguna vibración emocional con la que pudiéramos identificarnos. En este contexto, lo que debía vibrar era el color, no la figura.
Lo que debía producir música no era el instrumento, sino el color.
Matisse
